domingo, 4 de octubre de 2015

En la salud y en la enfermedad

Siempre pasa así. En lo bueno, todo bueno. En lo malo, nada bueno
De repente desnudo en ruinas todos huyen en busca de un lugar más próspero
Nadie quiere reconstruirte, reformarte, limpiarte hasta que brilles
Es más fácil ir a Ikea y llevarse un mueble nuevo

Vale menos, pero es nuevo.

Bajo la lluvia amarilla, en decadencia, añorando todo lo que añoras
Pero no puedes huir de tu cuerpo, de lo que eres, frente al fuego en soledad
Dejas de sentir, de hablar, de desear un futuro ahí fuera
Te dejas llevar por el devenir de los días hasta que llegue el lechero

Crees que vales menos, nada nuevo.

Siempre es así. Ser bueno, nunca trae nada bueno. Ser malo, todo bueno
Te miras al espejo otra vez, entre lágrimas, desando ser un hijo de puta
Ser más egoísta, más valiente, más lo que siempre has querido
Y te sorprendes derrotado por el reto que tienes delante

Valer todo lo que vales, de nuevo.

Sabes cuál es la llave, lo dicen los libros de autoayuda
Autosuficiencia, autoamor, autofotos, autotodo
De tanto buscarte en las personas, ya no te encuentras
De tanto caerte, aprendes que sólo tú puedes levantarte

No valen la pena, y nunca es nuevo.

Siempre acabas así. Tomándote una copa contigo mismo
Viendo una película contigo mismo, contándote el día a ti mismo
Necesitándote cuando te necesitas, apoyándote en tu hombro
Confiando sólo en ti, queriéndote sólo a ti...

En la salud y en la enfermedad, tú contigo

martes, 18 de agosto de 2015

Tantas

Tantas palabras se dicen, tantas. Vacías, huecas, de manual. Tantas sandeces, tantas, las veces que quise escuchar algo real. Tantas que he querido acallar, que se me atragantan en el fondo del vaso. Sustentan castillos de azúcar seca que rechinan en los dientes de una vieja. Tantas banalidades que me dan ganas de taparte la boca. Chorros de palabras, una detrás de la otra, que básicamente resbalan por mi espalda mojada. Tantas las veces que he querido salir corriendo, colgar, dormirme en tu cara. Tratando de pasar el día trato de atragantarme a veces. Son tantas cosas que salen de la mente, que entran por los ojos, que se quedan pegadas en el cerebro. Y es que de tantas palabras que podía leer hoy, solamente deseaba una y media. Lo sé, una caprichosa irremediable y por cosas como esta ya me salió otra cana. Tanto, tanto tengo que aprender que debería guardarme más en lugar de jugar a perder. Que le voy a hacer si siempre deseé tantas palabras que nunca escuché. Tan pocas de otros que me sobraban, saliva que malgastaste, un tiempo que no me ahorré. Hoy me guardo las mías aunque haré un apunte: si no quieres que reproche nada, no te contradigas. Porque hay no-palabras que duelen más que un discurso. Porque hay imágenes que dicen más que mil palabras, y ausencia de ellas que no necesitan descripción. Solo silencio, hielo y un día más para seguir buscando la persona que soy. Nadie me dijo nunca que hacerse más viejo es perder un poco más la esperanza. Tantas veces he caído, y sabemos que cuando duele, no necesitamos tantas palabras. Tan poco es lo que busco que me sobran tantas… tantos… que madre mía, qué de días para crecer.

domingo, 16 de agosto de 2015

Todo a la vez

Nunca hay demasiado tiempo, o eso pienso cada vez que te subes al tren ante la idea de que no te vuelva a ver. No hace falta que me lo cante una canción, que me lo diga un gurú del carpe diem, que resuene cada vez… Todo a la vez.

Nunca es demasiado triste, pensar en los años malgastados cuando veo de lejos las oportunidades regaladas. Con tanta paciencia y amor, con todo eso que le sobra a tu rock sin roll (que a mi no me engañas gruñón).

Nunca es demasiada épica, la vida que invento y que vivo de señoritas que cuidan cosas que precian. “¿No estarás guardando el castillo cuando la batalla está perdida?” De rodillas, beso el suelo.

A veces vuelves y sigue todo en pie, a veces no. Y otras veces, complejamente, es todo eso a la vez.

lunes, 15 de junio de 2015

Todo empieza a empezar

Empieza con una mirada rara.
Sigue con un “no puedes”.
Luego te va ardiendo el pecho.
Y de repente, lo has conseguido.
Así que cuidado, cuidado cuando le pones la zacadilla, cuando le dices que no crees en él, cuando dudas de que sea capaz.
Empieza una mañana, cuando miras el blanco de tu techo y escuchas al canario cantar.
Sales a la calle, en coleta y sin maquillaje, y empiezas a trotar con prisa, hacia ningún lugar.
Y ese mismo viernes, sales directamente, pillas una borrachera y te miras al espejo de ese bar.
Ya has visto un cambio, tus ojos no miran igual, porque todo empieza a empezar.
Del cero sube la puja al uno, cuando dejas atrás, cuando tienes tiempo para ti, cuando quieres en lugar de aceptar.
Cuando te miran otros ojos, y te dan alguna palmadita. Todo, empieza a empezar.
Así que cuidado, cuando das por sentado, cuando alimentas la bestia, cuando niegas un saludo.
Porque es divertido, ver como la vida da vueltas, como de vuelta en la rotonda te espera un ceda el paso.
Empieza cuando se sueltan los grilletes, cuando se abren las puertas de la jaula, cuando se oye el silbato.
Disparadas, y no puedes pararlas, unas ganas desbordantes paralelas a la señalética.
No vuelven, no esperan, no lloran, no maman, no buscan, no quieren encontrar. Son libres, nada más.
Ten cuidado, cuando reclames tu espacio, cuando empujes fuera del círculo, cuando quieras lo que tu quieres.
Empieza, cuando todo empieza. Empieza a empezar sin que te des cuenta.
Qué divertido, cuando todo da vueltas.
Qué divertido, cuando todo te da vueltas.
Ni te has dado cuenta, pero todo ha empezado a cambiar.