martes, 14 de agosto de 2012

Para los que me echen de menos por aquí...

últimamente ocupo muchas horas escribiendo mi vida, y algo más grande... a ver qué sale.

S. D. A.

SALUD
Tras hacerse unas pruebas, el médico sentenció...
- Tienes Cáncer
Pero tenía dinero, y pago un buen médico.
Pero tenía dinero, y una enfermera en casa. Y follaban cada noche. Insisto. Tenía dinero.
Pero tenía amor, los cocidos de mamá eran mano de santo. Con mucho amor.
Y se curó del Cáncer y el médico le espetó:
- Qué buena suerte ha tenido usted señor, el cariño es la mejor receta para la curación.

AMOR
La puta, por pena y por avaricia, se había casado con el pobre enfermo casi terminal.
Al recibir la noticia de su curación, la mala mujer hizo el teatro:
- Estoy enamorada de otro hombre.
Pero él, tenía salud y buenos abogados.
Pero él, tenía una vida entera lujosa que ofrecerle.
Y la puta se quedó. Durmiendo a su lado, él pensó:
- Qué buena suerte tengo señor, mi dinero lo arregló todo.

DINERO
A las semanas, el mercado financiero enfermó como los pulmones del buen hombre lo habían hecho. Su administrador le llamó preocupado...
- Estás al borde de la bancarrota.
Pero tenía salud, podía buscar otro trabajo para recuperarse.
Pero tenía amor, su madre le haría jerseys de punto en invierno y le acogería en su hogar.
Y encontró otro trabajo gracias a su salud de roble, y se enamoró de la jefa de personal de su nueva empresa. Comenzaron la conversación hablando de su jerséi "vintage". A los meses, mientras le preparaba el desayuno la mujer le susurró:
- Qué buena suerte el haberte encontrado mi amor.

A las semanas la puta, que había quedado desauciada y sin dinero, les hizo una visita y destrozó su noviazgo. Su ex-pareja y jefa le denunció por acoso laboral, y perdió el empleo y el amor de su vida. Su madre dejó de tejerle jerséis y de hacerle comidas, pues estaba todo el día en casa abusando de su confianza, y le hechó a la calle. Pasó cuatro noches de noviembre durmiendo en las aceras, y pescó una neumonía que agravó su estado de salud.

Desesperado agarró un cuchillo que encontró por un parque cercano.

Cuando fue a desgarrarse las venas, el cuchillo se partió...

- ¡Qué mala suerte tengo!

A lo que la suerte contestó:

- No has tenido una zorra en casa, has tenido una actriz de primera que follaba como los ángeles. Tu madre te hacía unos jerséis horribles, una comida para cebar a los cerdos y te daba una autoprotección excesiva. Has tenido un bulto de museo en los pulmones, que has creado disfrutando del tabaco como un cabrón. Al perder tu dinero has ampliado el currículum, te has mudado de casa... eso sí. Encontraste a una mujer pesada y celosa que te quería atar, menos mal que lograste escapar.

El hombre se quedó pensando...

- Si solo me has dado cosas buenas... ¿Por qué me pones en el camino ahora un cuchillo que funciona mal?

La suerte sonrió:

- El cuchillo ha funcionado perfectamente: un cabrón como tú se merece tener una buena vida. Vende el cuchillo al chatarrero, págate una semana de hospital y que te den un poco de amor las enfermeras.





 



miércoles, 1 de agosto de 2012

Coste de oportunidad

Hoy me ha dado por pensar en el coste de oportunidad. No tenemos más que observar el fluido devenir de nuestras vidas, interrumpidas por las decisiones que tomamos, que nos llevan a caminar por las sendas que decidimos tomar. A esas rutas a las cuales no podemos retroceder, a eso, yo le llamo coste de oportunidad. Sin entrar en mayores divagaciones, me encontraba yo pensando en esas cosas que no podemos disfrutar, tener, saborear, vivir (pero sí soñar, señores) simplemente, por el hecho de que disfrutamos, tenemos, saboreamos o vivimos otras. Es así de sencillo y así de complicado. A este respecto alguien alzaría la voz y diría: "hermanos, somos libres, podemos decidir como personas que somos". Y como personas que somos, yo le digo que sí, podemos decidir: decidir renunciar a cosas por tener otras. No somos Dios. No somos omnipotentes, omniscientes, omnipresentes.

Y así, a lo tonto, hemos llegado a la conclusión de que no somos libres; almenos en el sentido en que el mundo se empeña en vendernos. Que podemos llevar un short y enseñar el culo en pleno centro de la ciudad, que sí. Pero no pretendamos que nos tomen como a una tipa seria, por más que una se empeñe en izar la bandera de la libertad y del mundo moderno... ¿Acaso alguien ha visto a Michelle Obama enseñando sus nalgas en plena Big Apple? Pues eso señores, pues eso...