domingo, 29 de abril de 2012

Llorar un rato

Todos necesitamos llorar un rato alguna vez. Pasa cuando nos quedamos solos y vienen a visitarnos las cosas que no van bien. Resbalan las lágrimas como una tormenta de verano, caen de nuestros tejados y  se llevan el rimel y la lucidez. Vendaval de lo que llevamos dentro que nos pone la piel de gallina. Rayo que cae tan fugaz, que atiza y hace reaccionar de una y para un rato. Ese abrazo que está ausente, esa explicación que necesitamos y que no tenemos. Esa niña que echa de menos la ignorancia, la sinceridad… los rayos de tu sol, las cartas con sello. 
Todos necesitamos llorar un rato y quedarnos dormidos. Porque mañana será otro día, porque mañana saldrá ese sol: ese que nos dará el calor y la esperanza que necesitamos hoy.

lunes, 23 de abril de 2012

Dos cuerdos

Nudo en la garganta cuando miras a estos ojos y preguntas todo lo que pienso
Nudo es tu brazo alrededor de mi cintura cada noche, de luna, pero tan oscura
Nudo es aquello que creamos con silencios y enredamos, con tantas palabras
Nudo en la cabeza cada paso que te acercas y al segundo, los ocho, que te alejas

Somos expertos en complicar, lo que parece tan sencillo
Somos tan buenos en llenar, de recuerdos los bolsillos
Somos la lucha contra la razón y lo que dice nuestro corazón
Somos así: yo tan tuya y tu tan mío, y a la vez del libre albedrío
Somos cordón en la zapatilla y una equis fuera de su casilla
Somos un salón con su eco hueco, un bordillo en un recoveco

Cuando se anudan los sentimientos...
somos de todo menos dos cuerdos

Y tócame esta canción, la de que te quedas por hoy
Y lucha por mi corazón, olvida que duelo mi amor
Y átame a ti por error, que corra en las venas alcohol
Sonríeme una vez más y entonces creeré de verdad


Para mi tinih, que dice que soy una romántica JUAS!

domingo, 22 de abril de 2012

Días de esos de cambiar el mundo

Hoy me ha dado. Hoy es uno de esos días en los que no paro de pensar. No sólo en detalles pequeños, de esos que llaman 'sin importancia' (pero que pocos sabemos que si se juntan pueden conformar lo más parecido a la verdad, incluso una verdad mayor de la que se obtiene con palabras). Me ha dado por pensar en la vida, más allá de las barreras de mi carne y mi hueso. La vida como algo que acontence ahí fuera, como ese videojuego surrealista que unos pocos controlan y que los títeres, personajes de la diversión, sólo podemos mirar con hastío y rabia. Porque sí. Mucha gente se pregunta cual es la solución a todos los problemas del mundo; y es que demasiada gente piensa que los problemas se solucionan con soluciones. Error.

Somos herederos. Sí. Al igual que somos del óvulo de mamá y del espermatozoide de papá somos la creación de 'algo' más grande (o tan minúsculamente pequeño); tanto, que nuestra conciencia no puede llegar a percibilo o abarcarlo. Por eso hoy pienso en todo eso. Y siento pena. Siento pena por aquellos que tratan de buscar 'soluciones' en algo que está en su cabeza, su cerebro, en su memoria o en su pasado. Porque no están buscando una solución, están buscando un parche. El primer paso para obtener ese 'gran remedio', en mi humilde opinión, es la valentía. Pensemos en algo en el mundo y en su progreso que no implique valentía. Esto es literal. Para de leer y piénsalo por un segundo...


Si has encontrado algo que no implica esta aptitud (y no actitud) creo que no has tenido la valentía de llegar hasta el fondo del asunto. El mundo, señores, no es más que cosas que heredamos más la actitud de sus herederos. Porque si todos no podemos tener aptitudes (que es lo que se empeña en fomentar el mundo contemporáneo) tengamos algo que podemos tener todos porque somos seres humanos, actitudes. Y tengamos la más importante de todas ellas: la valentía. La valentía para mirarlo todo con ojos diferentes, para olvidar nuestra herencia y cambiar. No cambiar pequeñas cosas, no ponernos tiritas... cambiar el mundo de raíz y para el futuro. Ese es el problema del mundo actual.

Tenemos como herencia el ir con pies de plomo, el ver el error como un fracaso, el tomar el antecedente como la ley más absoluta, una comodidad de los que están arriba frente a la pasividad de los que están abajo. Vivimos en un mundo enfermo, un mundo sin fe en lo que no se puede probar, sin expectativas de futuro, sin ganas de luchar. Que condena el alzar la voz, que mira de reojo al diferente, que no ve más allá de la materia que ha creado para esconderse de lo que hay dentro de cada persona (esa luz que el sistema trata de opacar cada día más, porque no interesa, porque lo que brilla está mal).

Por eso, por favor, señores que mandan: dejen de buscar la solución en el país vecino, en los datos de las bolsa y en los paquetes de medidas extraordinarias. Bajen a la calle, hablen con la gente... mirénse al espejo, aflójense la cobarta... escuchen las ideas locas, crean en los inposibles... cojan su cargo, su Mercedes clase A, su casita en la playa y su egoísmo y tírenlo por la ventana... crean en el cambio y en cambiar el mundo: porque sí se puede, porque está en sus manos. Porque somos cada uno de nosotros los que hacemos que sea imposible cada vez que nos tragamos esta puta mentira que hemos inventado. Hemos olvidado lo más importante: somos seres humanos, somos tan increibles que podemos pensar, crear, imaginar, sentir, y si queremos, de manera libre y autónoma. Sin barreras, sin dependencia. Sólo si olvidamos los grilletes que nos atan al cemento... ese cemento gris que alguien puso para avanzar y que no hace más que hundirnos últimamente.

Inseguridad, desencanto, pasividad y desesperanza... se transforman con solo creer. Pues creamos. Creamos todos.

He dicho.

Quedar bien

Joder. Creo que el mundo tiene una actitud enfermiza.
Nunca llegaré a entender la necesidad imperante de dar explicaciones, de rectificar, de hacer las cosas por el camino normal y de pedir perdón cuando no te apetece hacerlo.
¿Y todo por qué? Porque hay que 'quedar bien'....
Enserio. Quedar bien es quedar mal con uno mismo. Y eso solo se puede hacer en cosas realmente importantes o en cosas en las que sabes que realmente la has cagado, que TU SIENTAS que la has cagado de verdad. Sino... no tienes porque quedar bien con nadie, ni parecer un santo...
¿Qué hay más perro que fingir un lo siento? ¿Qué hay más perro que engañarse a uno mismo?
Y una vez más la vida me enseña que lo más importante de todo es tener la cabeza bien arriba y la conciencia más transparente que el agua (por mucho que a muchos les joda).

viernes, 13 de abril de 2012

Juas... pos oc.

Y cada vez que los pies se levantan del suelo, venga, que pego un trago de aire y a tocar la tierra
Y si la mirada se clava en la pared, volvamos a ese lugar, a ese lugar donde lo veía todo tan claro

Y aprender a decir ‘pos OK’ y saber dar pasos hacia adelante

Luchar por eso que muchos llaman ‘el futuro’ y que muy pocos sabemos que es la simple eternidad
Coger el día nuevo por los rayos y correr detrás de las oportunidades que huyen girando la esquina

Porque mirando el mar conseguí decirle a la vida ‘juas'

Y nadie será la persona que me haga cambiar de opinión
(aunque en algunos días pueda dudar)
Ni la que quite esta idea de mi cabeza muy y menos loca
(ya lo he decidido, y esto, es lo que toca)

Porque a veces siempre se me olvidan las cosas más importantes…
¡Vaya! Somos tan despistados…

Matemos las moscas y a tumbarnos desnudos al sol
Que el resto… el resto lo decidiremos mientras remontamos el vuelo

jueves, 12 de abril de 2012

Anónimos...

identifíquense, por favor. :)

El anillo que no encajaba

Inspirada por el gran Bucay (suena muy... muy.... pero para mi lo es, por la capacidad que ha tenido de 'ayudarme' de algún modo) tengo el atrevimiento de contaros un cuento:

El anillo que no encajaba

Nunca olvidaré el día en que lo vi. Me llevaron a esa recóndita tienda, en ese recóndito lugar, con la promesa de que algo me iba a comprar. No se equivocaron. Cuando observé un mostrador inmenso, repleto de anillos, los ojos se me iluminaron. Sin duda, ese tipo de anillos era lo que tanto tiempo estaba buscando. Había tantos, decenas, cientos... ¡miles! que no sabías donde mirar ni por donde empezar... tantos estilos, tantos colores... ¡Estaba abrumada!

Pero no necesité más que un golpe de vista para darme cuenta del que quería. Ahí estaba. Tan inclasificable. Tan fascinante. Tan especial. No podías decir de que color era: se movía unísonamente a la luz proyectada, adoptaba su velocidad. Sin embargo, cuando ningún rayo se posaba sobre él era gris como el cemento, tan normal... Me sentí identificada con él y casi quedé hipnotizada... ni siquiera miré el precio, porque para mi, ese anillo ya tenía su valor. Así que lo compré.

Cual fuese mi sorpresa que a las horas de adquirirlo descubrí su problema: era incombinable. Porque a mi me encanta ponerme varios anillos a la vez, me fascina la composición que pueda llegar a crear en mis manos. Como un anillo aporta la belleza, el brillo, el color o el volumen que le falta a su compañero. Pero ese nuevo anillo... ese nuevo anillo no encajaba en ninguna combinación: según la luz era armónico o no. Pero claro, era tan cambiante...

El otro problema era el tamaño. Ante la emoción y la fascinación del momento de la compra no había caído en si acoplaba en mi mano o no. Y es que siempre tenemos una mano más grande que otra. Al quedarme holgado en el anular de mi mano izquierda lo intentaba encajar en el índice: pero no entraba. El instinto me llevaba a buscar un dedo lo suficientemente delgado y lo inexcesivamente grueso para encajarlo... y ahí estaba el anular de mi mano derecha. Pero el anillo quedaba excesivamente holgado. Desesperada removí todos los anillos de mis manos. Intentaría encajar mi perfecto nuevo complemento y después crearía mi composición basándome en su posición. Pero el proceso siempre era el mismo: del anular izquierdo al índice y de la mano izquierda al anular de la de derecha... era la lógica. Lo intentaba constantemente, a diferentes horas del día... y el resultado siempre era el mismo... y me desesperaba... ¿Cómo podía ser que con tres tamaños diferentes mi precioso anillo no encajara? Olvidé el resto de mis anillos y me obsesioné tanto con el tema...

Hasta que un día, al terminar de lavarme las manos, instintivamente me puse el anillo. Y encajó a la perfección y a la primera. Notaba su suave contorno, sin presión pero al mismo tiempo se aferraba a mi dedo tanto como yo me había aferrado a su magia las últimas semanas. Miré al espejo confundida... todo este tiempo había pensado que mi mano izquierda era mi derecha y que mi derecha era mi izquierda... y el problema no estaba en el anillo, estaba en mi obsesión porque encajara.



Muchas veces en la vida no empeñamos en que algo encaje, y lo forzamos... cuando realmente lo que tenemos que encajar es nuestra forma de pensar. Muchas veces pensamos que 'esa' es la persona correcta en un sentido, cuando puede serlo en otro. Muchas veces pensamos que 'eso' es lo que tenemos que hacer o que conseguir, cuando hay tantas otras cosas que podemos hacer y conseguir para sentirnos plenos y felices. Muchas veces sabemos que el anillo encaja en el índice de la mano izquierda... pero no sabemos cuál es nuestra mano izquierda.


lunes, 9 de abril de 2012

La grieta.

Cuando la grieta aparece, tienes varias opciones.

Corre: si los cimientos del edificio no son muy sólidos mejor que salgas de la cama, te pongas las zapatillas y eches a correr. Sabes cuál es el destino del edificio, se va a derrumbar cuanto antes. Así que mejor que tu corazón no quede enterrado debajo.

Repara: cuando la grieta es pequeña o el edificio muy sólido, siempre puedes escoger esta opción. La condición es muy sencilla: no hay ayuda externa que valga, los habitantes de esa edificación debéis ser los que la reconstruyáis. El problema es si ninguno sois buenos en el tema… tenéis unos días para disfrutar al máximo de vuestro edificio, antes de que se desplome y lo miréis con nostalgia desde fuera. Después, cogeréis caminos separados.


Resiste: si los cimientos son fuertes la casa no se va a derrumbar. Tranquilo. Pero la grieta está ahí, y debes saber que eso tendrá unas consecuencias. Por ejemplo, las goteras. Caerán y mojaran los tiestos de los habitantes de la casa. Constantes, suaves… poco a poco menguarán vuestras paciencias… ¡Y podéis explotar! Si gritáis la grieta se hará más grande y tendréis que escoger otra opción. Podéis cambiar de edificio o reconstruir el que tenéis. Pero si os calláis podéis correr el peligro de ignorar la grieta, y que con el tiempo, el techo caiga sobre vosotros…


En todo caso, cuando la grieta aparece actúa amigo… actúa.

Cuéntame otro cuento, que estaré durmiendo

Me han contado tantas veces que el mar de las estrellas era de plata y que en las perras viejas latía un corazón de oro, que en todo este tiempo, en toda esta angustia, en toda esta espera… lo había creído. Me han mareado, me han tosido en la cara y me han soportado, pero a medias. Siempre a medias. Yo, esa ilusa que nunca muere en lo más profundo, llegué a creérmelo del todo.


Me dijeron que el cariño se regalaba en cuencos de marfil y que la esperanza se guardaba en la nevera, para que no muriera. Pero era de cristal, y un día de estos tontos, me estalló en las manos. Mojada de pies a tiesto y con las palmas ensangrentadas miré perdida a todas partes, buscando al Cuentacuentos, y solo puede verme en el espejo. Pase la página del cuento, llorando, y seguí creyendo.


Siempre me han tranquilizado, me han dicho que si se me escapa el corazón de ‘esas manos que tienes tan torpes’ el mar lo devolvería, lo llevaría a otro puerto y un nuevo marinero paciente lo pondría en mi pecho. Y ahora que lleva tanto tiempo perdido, solo puedo creer que el pirata lo ha robado, y que cobarde de mi, nunca tendré el valor de demandarlo. Lo que va, no siempre vuelve, Sr. Cuentacuentos.


También se han aventurado a asegurarme que el que quiere algo lucha por conseguirlo, que las derrotas no son guerras perdidas, que las miradas no se las lleva el viento. Pero no me conocían a mi, huésped de la habitación 000 en este hotel de carretera. Veo los coches pasar. Oigo los pasos, vuestros besos en el umbral. Pero yo aquí sigo, amarrada a las cuatro patas de la cama, con la mirada tan, tan olvidada.


El Cuentacuentos, ante esto, me dice que la vida es bella, que amanece y anochece como el día, y que debemos aprovechar cada hora que hay. Pero yo vivo del revés, cuando nadie me ve, asomo la cabeza al hoyo y vomito toda mi frustración. Paso las noche con los ojos como platos, aullando desde alguna remota colina solitaria, donde nadie me puede escuchar. Y durante el día, mi alma agotada descansa, sin un paso más que dar. Pero se conformaba con estar, seguir creyendo, sin fuerzas para más.


Y a base de creer como una ciega en el Cuentacuentos y que la vida me enseñe a base de hechos otras historias, que no tienen nada que ver, tengo el mar como testigo de mis desencuentros, de mis frustraciones, de todos los dolores no correspondidos. De darte cuenta que ni él es un tonto, ni tu eres un lápiz, que más bien la vida es del revés. Siempre del revés. Y mientras piensas en que no quieres hundirte en la arena, más en el fondo te encuentras. No siempre tienen tu paciencia.


Darte cuenta de que los cuentos, son siempre cuentos, los cuente quien los cuente: falsos. Y taparle la boca, y no escuchar más como una idiota. Y poner la mente en blanco, y resetear tu fe a diario. Y tener las fuerzas de romper el lápiz y coger al tonto para escribir su propio cuento. Con un poquito de suerte, puede que haya hasta un final, aunque no sea feliz.

Parpadeo y...

Cal y arena, lluvia y sol, sonrisas y lágrimas, frio y calor


Menos mal que soy así de masoquista, menos mal que paciencia me dio Dios
Para aguantarte tanto desprecio, tanta, y constante confusión
Porque un día siento que agarras fuerte mi mano, y a los dos segundos: 'no'
Menos mal que tengo el consuelo, de que me tengo yo frente al espejo
Un día sé que necesitas que te abrace, parpadeo, y ya no te tengo en mis brazos
Menos mal que las fotos son testigos, porque si tuviera que mirar el corazón…
Él ya no sabe ni lo que siente, ya no sabe lo que le han hecho
Sólo sabe que tiene que ser fuerte, y seguir sus latidos

...

allá donde le lleve su maldita suerte