lunes, 8 de octubre de 2012

El placer de las dosis pequeñas

Abundancia. Abundancia e inmediatez. Abundancia, inmediatez y ambición. Creo que son las tres palabras que escogería para definir el mundo de plástico en el que vivimos. Nos sobra de todo y a la vez siempre nos falta. Y nunca estamos felices... ¡Normal! Con la puta mierda de sistema incoherente e indigesto que nos hemos montado...

La verdad es que vivo montada en ese mundo, y siempre he intentado cabalgar sobre él. La verdad, que no existe, es que este teatrillo vital es demasiado duro y grande para mi, que pena, muchos dirían que me estoy perdiendo tanto...

La verdad es que no hay verdad, pero tampoco existe la mentira. La verdad es que mi vecina es una borracha, pero es que su marido le pega. Y el banquero de turno, es un ladrón, pero el pobre no se ha comido nunca una rosca... ¿Y esa modelo tan guapa? No tiene ni una amistad sincera.

Hoy todo el mundo habla de la felicidad. Es normal. La mentalidad de alguien del XXI es trabajar, vestirse, salir, estudiar, drogarse, maquillarse, tener familia, un BMW serie 3, ir de compras, viajar, culturizarse, comprarse un MAC y tener muchos amigos para SER FELIZ.

Abundancia, inmediatez, ambición.

Ahora intenta parar un momento... Respira hondo... Cierra los ojos si es necesario... Apaga el ordenador, la aspiradora, el iPod, el teléfono fijo, el móvil, el ADSL, el WIFI, el aire acondicionado o el debate de la 5.

CHA-PA


Moderación, paciencia, humildad


Así, no teniendo, es como lograrás lo que todo el mundo te obliga a tener. Y un día dirás un te quiero a alguien, y esas palabras ya no serán suficientes para expresarlo. Lo que sientes es demasiado. Y es tan pequeño, lento y sincero, que sólo se ve al cerrar los ojos, los puños, mientras abres fuerte el corazón.

Entonces, el ser feliz con artificios te importará una mierda... Serás sencillamente feliz.

jueves, 4 de octubre de 2012

Llegar a casa


Llegar a casa es cruzar el umbral y sentirte a salvo, protegido, comprendido. La puerta, un trozo de madera y hierro, actúa como la barrera más indestructible de la tierra. Entras, te quitas los zaparos, pones la llave y te vas directo a la nevera. Un vasito de zumo y a desahogarte un rato con el mando.

Últimamente, llego a casa todo el rato. Eres mi hogar. Contigo puedo cantar en la ducha, hincharme a queso, ponerme el moño y descansar un rato. Y tu sonrisa, es la cerradura que me mantiene a salvo. No quiero más, no pretendo más. Sólo girarme, ver tu cara, y sentirme segura en esta mierda de mundo.

Y es que me has convertido en un caracol, y todos los días, se me cae la baba.