lunes, 12 de mayo de 2014

Mi versión

Hoy mis palabras son menos sordas que nunca, en la entrada número 101 de este blog. Son de esas que solo a tu eco le has dejado escuchar.
Hoy las palabras resuenan marchitas en la cabeza, como antes. Son el reflejo de la más plena alegría, y del más profundo desengaño.
Son palabras que nunca pronunciaré, porque nunca nadie me ha preguntado. Palabras que en otra boca son una historia diferente a la que es.
Hoy mis palabras son mi versión, un cuento que aquí no está escrito, y que no tengo la necesidad de escribir aunque me convendría hacerlo.
Mis cicatrices tienen mucho que contar desde que era una niña, y claro, ellas no pueden hablar, aunque dicen muchas cosas.

Me refiero a un momento, eso lo permito, el día de mi graduación hace unos días.
Todos tan elegantes, y galantes, fieles y acordes a la propiedad del día.
Y me permitiréis que no escriba lo que sentí, porque lo siento, no existen palabras para describir la sensación.
Solo sé que empecé a trazar un círculo, hace algunos años, y siento que ahora redonda es la perfección.

Y como en una foto de revista, he pintado cuernos y colmillos a mis peores pesadillas.
Con el mismo rotulador he subrayado lo importante, y me he trazado una sonrisa.
Porque sé que las palabras, aunque sordas, tienen tanta fuerza
Que todo se pondrá en su lugar algún día por una pregunta indiscreta.

Algunas cosas que saco en claro, aunque no en alto:
Quien no contrasta informaciones, te ha dicho un profesor que es mal periodista.
Quien no se alegra por tus alegrías, te digo yo, una mindungui, que es mal amigo.
Y quien tenga odio en su corazón, apártalo de tu camino.

Un último consejo: a palabras necias, palabras sordas.
(No te imaginas lo fuerte que te vas a hacer si lo sigues)




2 comentarios:

  1. Que sorpresa! y si tuviéramos un minuto antes de de responder a esas palabras necias...

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  2. Lo importante es que las respuestas verdaderas están dentro de nosotros ;)

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