viernes, 19 de julio de 2013

El bombardeo de Vietnam


Esperando, llegó, y me dijo que esperara.
Que me sentara y que mirara la ventana.
Que ya no oiría nada. Y que “verás”, “ya lo verás”…

Me he quedado, congelada, cuando más ardías.
Cuando en nada, las paredes derrumbadas,
y tumbada en la alambrada de mis huesos yo…

Caminando, paras, y detrás de ti la sangre,
y no, sabes el dolor que dejas,
no diciendo nada: me escupes en la cara y yo…

Cansada, de dejar frases a medias, de mirarte tan perpleja, 
cuando te comportas como un gato, que pernocta enamorado…
Miras, tienes los ojos perdidos, en lo que no es y tampoco será nunca:
tienes la cabeza en el mundo animal, en un espécimen con pelo y lengua…
Y me arañas. Me arañas el alma y la cama,
con tan poca calma, que siempre me haces llorar.

Vuelvo, mira, a lo de las faldas largas…
a mirarme de reojo en los espejos de los patios.
A soñar con él, a remontar hacia lo bajo ¿sabes?

Lo noto, no lo haces pero mientes.
Y te arrastras, por los bordes del planeta,
escondiéndote del sol en tus noches en vela…

Caminando, paras, y detrás de ti la sangre,
y no, sabes el dolor que dejas,
no diciendo nada: me escupes en la cara y yo…

Cansada, de esputar excusas serias, de mirarte de reojo, 
cuando tienes la cabeza en la luna, esa que visita de uvas a peras…
Y la miras, en el asfalto que quema, se ha quedado el corazón latiendo bajo cero:
bombeando el bombardeo de Vietnam, ese que no late más.
Y me arañas. Me arañas el alma y la cama,
con tan poca calma, que siempre me haces llorar.

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