sábado, 20 de agosto de 2011

El dÍa de tu cumpleaños

No me gusta escribir en prosa, me parece demasiado explícita. Pero hay veces en las que tenemos que expresarnos como un libro abierto o ni nosotros mismos podríamos entendernos. Para decir lo que pasa por nuestra mente, en ocasiones, no necesitamos ni siquiera las formas de cervantes. Basta con el llanto.

Y sí. Hablar alto y claro puede ser una experiencia dolorosa, al igual que llorar. Pero si no lo hacemos, después no podríamos sentir una de las sensaciones más placenteras para el ser humano: el final de esa congoja, ese abrazo de consuelo. El llanto es como un parto. Tanto sufrimiento para, minutos más tarde, alumbrar el motivo de nuestra felicidad eterna. Porque cuando acabamos de llorar damos a luz motivos, razones para seguir y para hacerlo riendo.

La felicidad del resultado del parto, se celebra ese día especial, anual, en el que una vela más se coloca en la tarta de tu vida. ¿Cómo esperamos todos que sea ese día? Perfecto.

He tenido 19 días diferentes de cumpleaños en mi vida, y sin demasiada experiencia, creo que soy capaz de dar un diagnóstico.

El día de tu cumpleaños es la vida, acotada en veintucuatro horas. Durante ese día nos topamos - o no - con personas, sentimientos, sorpresas. Sirve para hacer un balance de todo un año. ¿En el activo? Los que están y los que siempre han estado y la felicidad de tenerlos con nosotros. ¿En el pasivo? Los que creías que estaban, pero no. Y claro, un puñadito de decepción, remordimientos, rabia, o simplemente, pena.

En el día de cumpleaños, las personas simplemente se abandonan a la desidia de aquel que se piensa especial. Nos tumbamos en la colchoneta y nos dejamos arrastrar por la corriente. Normalmente encontramos tartas, regalos, felicitaciones, fiestas... Y otras veces, simplemente, nos dormimos esperando con la ilusión de un niño de dos años. Pero también pueden aparecer olas y tempestades en ese mar de emociones. Incluso maremotos. Y naufragios.
Y claro. Ni al corsario más valiente, tras experiencias tan desastrosas, le apetece vivir una travesía igual. Se abandona y pronuncia con rotundidad: "no quiero llegar al siguiente".

Ya lo hemos dicho, ese día es como tu vida concentrada. Una vida que quieres que sea perfecta y, sin embargol estará llena de subidas, bajadas, caídas y vuelos. Una vida que puede empezar bien y luego torcerse o viceversa. Así es el día que celebra la vida, como la vida misma.







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